“Silbar es cosa de hombres”

Mujer indígena. Huaraz (Perú)

E. me dijo ayer al volver del colegio:

“Esta mañana he silbado como usted me enseñó en el patio de la escuela y mi profesor me ha dicho que no silbe, que silbar es cosa de hombres…”

Si. Resulta que en los colegios peruanos siguen enseñando que cruzar las piernas es de señoritas, escupir y ser violentos es de hombres, gritar es de hombres y agachar la cabeza es de mujercitas buenas.

“Antes me daba duro señorita. Me pegaba  cuando llegaba mareado. Ahora cuando le reprocho no más”, cuenta M.

Ella y sus cinco hijas comparten unos pocos metros cuadrados con suelo de tierra y tejado de plástico y madera. “Su esposo”, como ella dice, viene un par de veces por semana y le deja unos diez soles por visita. Con esa cantidad, unos cuatro euros, ella prepara sopitas de pescado, caldo de mote, papa, arroz… “Para lo que alcansa señorita”, dice con su seseo peruano.

Él tiene otra familia y ella nunca pregunta nada. No sabe cuánto gana ni donde duerme ni porqué no ha reconocido a las tres pequeñas, que no tienen ni partida de nacimiento. Ella nunca ha pisado un hospital a pesar de vivir a menos de 10 minutos de uno. Sus cinco hijas nacieron en casa, las primeras con el apoyo de alguna vecina, las dos pequeñas las parió sola. Ninguna de sus cinco hijas estudia porque “la plata no llega”.

“Si no quieres tener más hijos hay tratamientos gratuitos, servicios de planificación familiar… tú puedes decidir qué quieres hacer”, Le informamos.

Agacha la cabeza y luego la mueve de lado a lado. “Me da miedo. Dicen que si te ligan las trompas te vuelves loquita. Les ha pasado a muchas.”

Aunque le explicamos que eso no es cierto sigue: “Mi esposo no va a querer.”

“Su esposo”, ese fabricante de hijas a domicilio que de vez en cuando llega borracho y suelta 3 euros de limosna. Si. El mismo que viste y calza parecía tener la última palabra sobre el cuerpo de M., sobre la vida de M., sobre el autoestima de M., sobre la joven M.

Lo peor de todo es el número de “esposos” de este tipo que estoy encontrando en el camino. Hombres “hacedores de hijos” que someten a base de golpes. Hombres que convierten en normal el grito, la amenaza, la vejación y el insulto. Hombres que, si hay suerte, luego pasarán a dejarte 10 soles por el hijo o la hija que engendraron hace 15 años.

S. cocina en un comedor. Llegó desde la Amazonía después de que naciese su hija, fruto de una violación.  Le casaron con su violador para limpiar su nombre pero no lo aguantó y dejó la selva. Al llegar se fue a vivir con su actual pareja. Me contó que una noche él llegó “bravo” y se lanzó sobre ella para pegarle.

“Entonces tomé un cucharón de esos bien grandes, señorita. De los de hierro. Y le di duro en el lomo señorita. No ha vuelto a tocarme.”, cuenta.

No fue un método ortodoxo, desde luego, y es una pena que no se cambie un sistema machista, patriarcal y androcéntrico tan enraizado a base de “cucharazos”…

“Cucharazos” más dolorosos contra el patriarcado son los movimientos de campesinas, los movimientos feministas que en Perú trabajan y luchan.

Y es que aquí, en Perú, golpear a una mujer parece ser “cosa de hombres”. Y me temo que esto seguirá siendo así mientras sigan existiendo las “cosas de hombres”.

Emi*

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Acerca de Emi Arias

Periodista. Master en televisión por RTVE. Experta en Información internacional y Master en Igualdad entre Hombres y Mujeres.
Esta entrada fue publicada en Centro Social, Independencia, Mujeres, Perú y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a “Silbar es cosa de hombres”

  1. esther dijo:

    Ojala, que con trabajo y lucha esto pueda algun dia cambiar ….y despertemos en un mundo en el que las mujeres no teman alzar su voz….en Peru o donde quiera que sea…seguire leyendote Emy,un abrazo para los dos.

  2. Lorena dijo:

    Emi¡¡¡Soy seguidora de tu blog¡ Las historias que cuentas me parecen muy cercanas, pero esta me ha impactado especialmente.
    Sigue contándonos tus historias de por allá, tan bien como lo haces.
    Un abrazo,

  3. Bea dijo:

    Qué duro Emilie! y que bien escrito. Nosotros cuándo estuvimos en Perú (en modo turista) nos llevamos la impresión de que solo las mujeres cuidaban de los hijos, nunca vimos a un hombre con un niño. Y esta entrada confirma mis sospechas.
    Besos guapa!

  4. Elizabeth Rubianes dijo:

    Es muy fuerte el caso que presentas. Lamentablemente el machismo es una realidad en Perú, una realidad que a diario cobra decenas de víctimas. Noticias como “marido celoso quema con agua hirviendo rostro de su mujer” o “le quemó con aceite porque no le preparó su comida” aparecen con frecuencia en la prensa nacional ¿Hasta cuándo? La situación es preocupante y no sólo se da en los sectores pobres, casos de maltrato a las mujeres se registran en todas las llamadas clases sociales, pero claro, muchas mujeres callan por verguenza…. Sólo con educación y políticas de estado al respecto se podrá empezar a caminar hacía el cambio. Te felicito Emi por presentarnos este caso y por lo bien que escribes. Sigue así. Un beso.

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