J.

En esta ocasión no voy a poner ninguna foto porque las palabras son màs importantes.

J. se quiere operar.  Una malformación en su espalda ha crecido hasta convertirle en el centro de  todas las miradas. Por las burlas de sus compañeros y compañeras de clase ha cambiado de colegio y ahora estudia en el nocturno. Allí es feliz y saca buenas notas.

El resto del día lo pasa en el Centro Social El Volante, un proyecto financiado por la ONG vasca Perualde en el barrio de Independencia (Lima). Aquí come, hace sus tareas, le pagan sus gastos escolares… Este centro se ha convertido en el hogar de J., que con 19 años es silencioso como un gato y hace todo lo  que le piden sin esperar nunca nada a cambio.

Es el mayor de los tutelados y tuteladas del centro. Ayuda en la guardería, va a buscar al más pequeño  al jardín de infancia, baja  la basura, limpia la cocina, barre, hace recados, ayuda con las tareas a los demás…  J. se gana a diario el apoyo que recibe.

Apenas pasa tiempo en su casa. Su madre, trabajadora del hogar con recursos muy limitados, saca adelante a J. y a sus tres hermanos con menos de dos euros al día. Viven todos en un cuarto pequeño de materiales reciclados que comparten con los abuelos.

En la gran familia del centro J. ha encontrado su lugar. Le gusta estar aquí y no falta ni un solo día. Dibuja muy bien y hace bromas y risas con todo el mundo. Pasa horas mirando por la ventana del tercer piso mientras escucha una pequeña radio que esconde en la manga de su chaqueta…

Siempre le encuentro mirando por esa ventana a un mundo que le mira al pasar.

J. no había ido al médico nunca a pesar de que los huesos de su espalda crecían y de la insistencia de Charo, directora del centro. Su madre decía que “no tenía dinero”. Hace un par de meses fue por primera vez a la Clínica San Juan de Dios (Lima) de la mano de las trabajadoras del centro. El Centro, con los recursos que envía Perualde, costeò las consultas y las pruebas.

Las noticias fueron tan buenas como malas: sí, se puede operar a Jorge y se debe. ¿Por qué? Porque si no se opera su escoliosis avanzaría y su esperanza de vida se acortaría porque acabaría ahogándose por la presión de sus propios huesos en los pulmones. Pero es una buena noticia:  hay operación posible y lo único que nos separa de esa posibilidad es el dinero.

La noticia mala es el precio de esta operación: sólo las herramientas de la operación cuestan 5.500 euros. A esto hay que sumarle gastos médicos, hospitalización…

Por una parte, su familia no podría reunir esa cantidad de dinero ni en diez años y para ese momento sería tarde. Por otra parte en Perú la sanidad pública es deficiente y no cubre operaciones como estas.

J. necesita una operación que la injusticia le niega. Él no es culpable de la desigualdad extrema que impera en su país. J. no tiene la culpa de que el sistema sanitario peruano sea una falacia a la que no toda la población tiene acceso.  Sólo puede operarse si conseguimos dinero. Eso lo vamos a intentar. Lo difícil, lo duro y lo imperdonable es hacer como si no hubiésemos conocido a este chico sonriente, amante de los tebeos y de las películas infantiles. Lo imperdonable es dejar que las horas pasen para nosotras, para nosotros y para J.

para apoyar a J.

http://perualde.wordpress.com/2011/11/25/necesitamos-ayuda-puntal-para-apoyar-un-caso/

 

Emi*

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Acerca de Emi Arias

Periodista. Master en televisión por RTVE. Experta en Información internacional y Master en Igualdad entre Hombres y Mujeres.
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