De barcos, océanos y despedidas

María tenìa 28 años cuando salió de Torre de Don Miguel, un pueblito sentado en las verdes laderas de la Sierra de Gata (Càceres). Con ella iban sus tres hijas y su hijo, un bebé de nueve meses. Le acompañaba su marido, Jacinto, de 31.

Atrás se quedaba el pueblo, su hermano Enrique, su hermano Hilario, sus padres, los amigos y las amigas, los olivos, las piedras de los caminos… Por delante, la incertidumbre de “Las Américas” y las pocas noticias que llegaron de los que se habìan ido antes que ellos.

Hoy Luis, hijo de Marìa y Jacinto que lleva muy bien sus más de 70 años, cuenta con un nudo en la garganta que “ellos no sabìan que la Argentina estaba tan lejos”.

Aquel barco al que subieron María y Jacinto con sus cuatro hijos zarpó del puerto de Vigo el 26 de Noviembre de 1926. El Bremen, que asì se llamaba el buque, llegó a Puerto Madero (Buenos Aires) un mes después. En el trayecto, que no acababa nunca entre mareos constantes de Marìa, el pequeño de todos, Andrés, empezó a caminar.

María y Jacinto fueron a trabajar a una Estancia, haciendas propiedad de ingleses que tenìan la plata y la propiedad de la tierra. Llegaron a Las Rosas, pueblo donde trabajaban otros paisanos, y allí trabajaron de sol a sol. Jacinto decía que los animales vivìan mejor en España que ellos allì en sus comienzos.

En Las Rosas nacieron cuatro hijos más de la pareja pero dos murieron antes de los dos años. El último en llegar fue Luis, que creciò escuchando el acento extremeño de sus padres y paisanos, oyendo las historias de Torre de Don Miguel, bailando al ritmo de las jotas, las coplas y los cantos de tristeza a una tierra lejana llena de gente de rostros cada vez más desdibujados.

Hoy Luis es el único que queda en Las Rosas de su generaciòn: “Mis padres, mis hermanos, mis hermanas y hasta sobrinos …se han ido muriendo”, cuenta con la mirada empañada.

Carolina, mujer de Luis, cuenta que María, su suegra, vivió toda la vida recordando cada piedra de Torre de Don Miguel. Contaba que cuando María cerró su casita del pueblo metió unos pendientes y una cadena en un cajón antes de cerrar aquella casa para siempre. “Los dejó allí por si volvía y con la esperanza de volver… pero nunca lo hizo”, cuenta otra sobrina.

Las cartas que Jacinto, María y otros Hernández emigrados en Las Rosas escribieron nunca llegaron a Torre de Don Miguel. Se perdieron en algún lugar del océano azul. María y otros hermanos y hermanas que subieron al barco murieron sin saber qué había sido de los hermanos que quedaron en el pueblo, si estaban vivos aún, si habían sido felices o no. María se fue en 1987, siempre con su moño blanco y su luto negro. Puede que aún mareada por los movimientos del Bremen sobre el Atlántico y otras penas.

Al otro lado del Atlántico, Enrique entraba en los 90 recordando aquellos adioses a aquellas hermanas y aquel hermano que se fueron en tiempos ya lejanos en la memoria, aquellos hermanos que aún paseaban por su memoria y su niñez en Torre.

Enrique Hernández ya llevaba muchos años en Bilbao. El no subiò a un barco pero si lo hizo a un tren y aquella ciudad industrial y gris que fue Bilbao acogiò a Enrique y a su mujer, Emilia, y a siete de sus ocho hijos.

Emilia muriò joven y el tiempo paso como los trenes que subían hacia el norte. Un día llegò una carta a Bilbao, entre las migas y las sopas de ajo leyeron que alguien les buscaba en Argentina. Alguien quería encontrar a Enrique Hernández Montero. Era su sobrino Luis, hijo menor de su hermana María.

Le habían encontrado siguiendo pistas inciertas y hasta equivocadas después de años de búsqueda.

Una de mis tias levantó el teléfono y llamó al número indicado: “Hola, mi nombre es Esther y soy nieta de Enrique, que es mi abuelo y aún vive”.

Al otro lado del teléfono, Carolina, la mujer de Luis, se emocionó al entender que su marido acababa de recuperar parte de su historia en sombras, aquel Enrique que tanto mencionaba Marìa en sus historias sobre Torre de Don Miguel estaba vivo y en la vieja Europa le esperaban los brazos de muchas primas y primos con una historia común.

En aquellos dìas mi bisabuelo Enrique recibió cada carta como un regalo emocionante y le pedía a su hija Carmen que le leyese una y otra vez la carta que explicaba la historia de su hermana María y del resto de sus hermanos. Un hueco empezaba a llenarse de nombres, de respuestas, de fechas… Esas páginas perfectamente caligrafiadas se convirtieron en abrazos debidos durante años.

“Carmen, léeme otra vez la carta cuando puedas”. Parece que aún le veo en su lugar en el sofá, con su eterna txapela.

De aquellas cartas nació la promesa de conocerse. Luis viajaría a Bilbao desde Las Rosas para conocer a su tío Enrique y reunirle así, a través de su abrazo fuerte, con su hermana querida.

El tiempo a veces no es justo. Enrique murió a los 98 años pocos meses antes de que Luis viniese por fin a España a conocerle. Aunque no llegó a tiempo para abrazar a su tio desconocido si llegó para abrazar a muchas primas y primos. Juntos perfilaron, entre largos cafés y comidas interminables,  la historia de una familia, una de tantas, que se separó un océano.

Luis fue a Torre de Don Miguel. “Allí, frente a la casita que mi madre mil veces había descrito, se me cayeron las lágrimas. Vi a mi madre en cada mujer mayor enlutada. Cada piedra estaba en su lugar, como ella contaba”.

Aquella vez que Luis y Carolina visitaron a toda la familia, yo no estaba. Ahora, unos años después, modificamos el rumbo para llegar hasta Las Rosas. Quería abrazar esta parte de la historia de mi familia, aquellos que crecieron sin saber que en Torre hace un calor sofocante las noches de verano.

En la cara de Luis reconocí al abuelo Enrique y sus ojos amasados por nostalgias raras. Cada gesto era familiar y ese acento escondía la misma cadencia de voz que tantas personas de la familia.

Pasé muchas horas con un nudo en la garganta.

Ahora pienso en ellos y en ellas y en sus sacrificios, en sus silencios al mirar los trenes que llegan y se van, los barcos en los puertos, . Imaginé las despedidas y recordé que también mi bisabuela Emilia, que me prestó el nombre, viviò con la pena de un hermano que le dijo adiós y se fue a Argentina y del que nunca supo nada más.

Conversando con Luis y Carolina mientras cebaban su mate se lo conté.

“Si, él también vino a Las Rosas y sus descendientes también están aquí. Su bisnieta tiene una tienda de fotos aquí a dos cuadras”.

Pensé en ir a la tienda y decirle a aquella mujer que nuestros bisabuelos se echaron de menos toda la vida pero al pasar ya habían cerrado la tienda.

De alguna manera me bastaron aquellas palabras para decirle en susurros a Emilia, donde quiera que esté, que su hermano estuvo bien y que seguro le echo de menos y le quiso siempre, igual que ella.

………………………………..

A Emilia y Enrique. A María y Jacinto. A Luis y Carolina, que tienen la memoria en la sangre y un lazo invisible que tardó un mes en llegar en barco al otro lado del mundo.

A tantos nombres que construyeron este enorme país hecho a retales de los corazones rotos en pueblitos como Torre de Don Miguel.

Emi Arias e Iñaki Landa.

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Acerca de Emi Arias

Periodista. Master en televisión por RTVE. Experta en Información internacional y Master en Igualdad entre Hombres y Mujeres.
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9 respuestas a De barcos, océanos y despedidas

  1. Alfredo Jimenez dijo:

    Soy Alfredo. Me ha emocionado tu historia. Una historia bien contada y que tiene rasgos conocidos en mi familia gallega y aún más en la de mi mujer, andaluza.

  2. esther dijo:

    Me acabo de secar las lágrimas, estos mismos dedos que escriben son los mismos que hace años hicieron posible que mi abuelo Enrrique y su familia que es la mía tuviese la oportunidad de encontrarse,desde aquí agradecerte estas palabras mi querida sobrina,…..que bien has reflejado la historia ,que emocionante para mi y que bonito,recibe un fuerte abrazo de tu tía Esther y sigue mostrándonos tanta belleza………

  3. Maribel dijo:

    Emi hija mia, desdues de haberlo leido tantas veces y derramar lagrimas cada vez que lo leo ,con un nudo en la garganta te digo., como cuando ganaste aquel premio en el instituto, sigue escribiendo por que lo haces bien escribes y emocionas y nos metes en la historia con delicadeza y sin ningun esfuerzo .Un abrazo de tu madre que espera muchas historias como esta os quiero.

  4. Silvia Susana Gonzalez Palacios dijo:

    Las historias del pueblo contadas por la abuela María despertaron en mi la curiosidad y en mi infancia fui imaginando como sería esa iglesia, esas callejuelas y hasta la casa natal de mi padre Andrés, al que a los 12 años le manifeste que iría a visitarla. Cuando por fin llegue Torre de Don Miguel era tal cual lo imaginaba y pude al fin comprender la infinita pena de mi abuela.
    A la memoria de Jacinto y María por los que aprendi a amar a esa lejana España.

  5. alicia suasana onaindia gonzalez dijo:

    HOLA EMI , SOY ALICIA, , MI MADRE ERA LA MAYOR DE ESOS CUATRO HIJOS QUE VIAJARON A AMERIA, TENIA SIETE AÑOS, Y ME CONTÓ MUCHAS VECES ESE VIAJE, SE LO ACORDABA PERFECTAMENTE, SOBRE TODO QUE MARÍA VIAJO SIEMPRE CON NAUCEAS POR EL MOVIMIENTO DEL BARCO, Y SE LO PASO COMIENDO ACEITUNAS TODO EL TIEMPO. TAMBIEN QUE CUANDO LLEGARON A BUENOS AIRES ESTUBIERON UNA SEMANA EN RETIRO EN LA CASA DEL INMIGRANTE HASTA QUE VIAJARON EN TREN A LAS ROSAS DONDE EMPESARON SU NUEVA VIDA.Y JUSTAMENTE POR LAS VUELTAS DE LA VIDA, TAMBIEN YO A LOS CINCUENTA AÑOS, EMPRENDI EL MISMO VIAJE, CRUCE EL OCÉANO PARA VENIRME A LA ESPAÑA QUE TANTO AÑORARON MIS ABUELOS, PERO CLARO EN OTRAS CONDICIONES, MEJORES POR CIERTO, TAMBIEN EMPECE DE CERO, TAMBIEN ME VINE CON MI FAMILIA, ESPOSO , HIJO, GATO Y PERRO, Y AQUI ESTOY , SALI ADELANTE GRACIAS A DIOS, AHORA TRATANDO DE LLEVAR ESTA CRISIS, PERO MUY FELIZ EN ESTA TIERRA. UN BESO, Y YA NOS VEREMOS EN ALGUN MOMENTO,

  6. ANA dijo:

    querida ahijada es bonito lo que as escrito junto con esto todo lo anterior, cada parrafo que leo tuyo me emociona, deberías de proponerte escribir un libro, es lo tuyo.
    eres una artista sobrina!!! te quiero.
    primi soy lorena, aqui estoy con mi padre y mi madre, secandole las lagrimas que tu le haces derramar ja ja muy bonito lo que as escrito tu y iñaki un besito para los dos y espero veros pronto! os queremos.

    • Emi Arias dijo:

      Hola a los tres!!!!!!!!! mil gracias por leerme! prontito ya nos vemos que el 15 de marzo estoy de vuelta! y tengo ganas de veros y daros un fuerte abrazo!!!!!!!!!!!!! cuidaos mucho! os quiero

  7. Daniel Cantero Martin dijo:

    Hola Emi,, Soy Daniel Nieto de Isidora Hernandez Montero hermana de MARIA y Enrique, también radicada en Las Rosas emigro a Argentina en 1916 desde esa hermosa villa que es Torre de Don Miguel,
    la verdad que me emocione hasta las lagrimas con este relato que es muy similar al que siempre
    escuche de mi querida abuela y que partieron hacia un mundo desconocido

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