Hielo y memoria

Francisco Pascasio Moreno fue un científico, naturalista, conservacionista, explorador y político argentino que vivió a finales del XIX y principios del XX. Entre otras muchas cosas, al “Perito” Moreno, como le llamaba la gente por su basta formación, Argentina le debe sus límites con Chile, la exploración y catalogación de numerosos picos, cerros, lagos y ríos del sur y un incansable trabajo por desentrañar la historia de los pueblos originarios de la Patagonia.

Un glaciar, un pueblo y un parque llevan su nombre. El glaciar es azul y es blanco. El Perito Moreno  es el único glaciar del mundo que no está en retroceso. Avanza y se rompe, retrocede y estalla. El glaciar ruge cuando te acercas y también lo escuchas cuando estás encima. Enormes lagrimones helados caen al agua, donde se deslizan despacito hasta deshacerse del todo.

¿Por qué lloran los glaciares?

Mientras el Perito y otros glaciares se quejan con desgarro, un incendio asola miles de hectáreas en Torres del Paine (Chile) , el parque natural más hermoso de América Latina. A la vez, Bariloche se tapa la boca para no tragar las cenizas que lanza un volcán chileno y, a pocos kilómetros de allí, en El Bolsón, el cielo está gris  por el humo de un incendio provocado en un bosque cercano.

Si la tierra llora tenemos que escucharla. Cada kilómetro me deja la misma sensación. Aquí falta algo.  La inmensidad de los cielos del sur hablan de belleza y de soledad. Tierra sóla sin nadie que la habite. Empiezo a entender qué echo de menos aquí.

Argentina es hermosa y enorme pero tiene pedacitos huérfanos de raíces. Como un gigante que hunde sus pies en el barro de una historia casi extinguida en medio del espectáculo de la naturaleza.

Pienso en los pueblos originarios muertos, condenados, asesinados perseguidos o arrinconados, como los mapuches.

Este pueblo vive en constante lucha por lo que es suyo. Los Mapuches enfrentados a Benetton por el robo de tierras. Los Mapuches en los rincones del olvido argentino y chileno.

Los Tehuelches que quedaron se cuentan por unas pocas decenas. Los Yámanas soportaron ser exhibidos como monos de feria en Europa. Secuestrados con pretextos científicos, eran subidos a los barcos y la mayoría enfermaban tras meses de viaje y morían.

Dicen que en la actualidad solo quedan Yámanas en Villa Ukika, una localidad cercana a Puerto Williams en la Isla Navarino pero su número es muy reducido y ya no existe la posibilidad de nuevos nacimientos de sangre enteramente yamana.

En El Chaltén un niño rubio y despeinado corría detrás de un perro. Su padre le llamó por su nombre; “Nehuen!”.

Pregunté por el significado de ese nombre. Me contó que significaba “fuerza interior” en Tehuelche. Su hermano mayor se llamaba Golat, que significa Puma.

Entonces supe que al menos nos queda la memoria. Entendí que hay gente capaz de rebuscar en las raíces de este enorme árbol llamado Argentina. Me gustó ver que hay quién todavía rinde pequeños homenajes a quienes realmente descubrieron esta tierra: los pueblos originarios.

Es posible que los glaciares, las montañas, los volcanes y los lagos quieran decirnos algo. Puede que algún día lo entendamos. Sólo espero que para entonces no sea tarde.

EMi*

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Acerca de Emi Arias

Periodista. Master en televisión por RTVE. Experta en Información internacional y Master en Igualdad entre Hombres y Mujeres.
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