El pueblo Shipibo y su selva agotada

Canoa sobre el lago (Pucallpa)

El primer día en la tierra. Esto debe ser lo más parecido a aquel momento.

La primera laguna, el primer cielo, el verde brillante y esa humedad de pueblo recién nacido.

Cuando atraviesas en un bote de madera la laguna de Cashibococha, a pocos kilómetros de Pucallpa (Ucayali, Perú) estás viendo lugares donde jamás llegaron ni los Incas ni los primeros colonizadores. Vinieron en el XVII los Franciscanos y más tarde, Jesuitas con su cruz y sus obsesiones “civilizadoras”. Ahora, las misiones evangélicas sustituyen a las de antes con otras cruces y discursos parecidos; apoyo y occidentalización a cambio de evangelio, bautismo y monetarización.

Nuestro bote de madera, en el que surcamos estas aguas tibias y oscuras, es una donación llegada desde Lima después de que tres personas se ahogaran  al volcar sus canoas. El último fue un niño pequeño. “Ya no tenemos árboles grandes para hacer nuestras canoas como antes, los madereros no dejan nada. Por eso las hacemos chiquitas”, cuenta uno de nuestros anfitriones Shipibo.

Niño Shipibo se baña en la laguna. Comunidad de Santa Teresita (Pucallpa)

Al llegar nos reciben cuatro niños nadando en la orilla. Están desnudos o “calatitos”, como dicen aquí, y se ríen como locos.

La Selva amazónica peruana está siendo depredada de forma salvaje y sin escrúpulos por empresas petroleras, caucheras y madereras. La naturaleza no es la única víctima; con ella, las comunidades indígenas están enfrentando cambios drásticos que afectan a sus culturas, su alimentación, sus vidas y sus derechos.

En la comunidad de Santa Teresita vivían 350 personas pocos años atrás. En poco tiempo, el olvido institucional y la migración obligada por esta depredación les ha diezmado. “Nuestros jóvenes se van”, cuenta una mujer con tristeza.

La tierra dejó de ser fértil fumigada por los planes fujimoristas para, supuestamente, erradicar la coca de la selva. La realidad es que muchas comunidades indígenas pasaron de la autogestión a depender de abastecerse en  poblaciones a horas de camino. Eso, junto a los chantajes de madereros y caucheros… Sus mentiras de un futuro mejor trajeron el alcoholismo, violaron a las mujeres shipibo y se llevaron la selva en camiones.

Las migraciones llevan también al mestizaje y a la deserción cultural de esta comunidad, que suma unas 30.000 personas en la Amazonía peruana. La juventud decide abandonar su vestimenta tradicional para evitar la discriminación y los insultos; “chama es el más común”, nos cuentan.

Deciden dejar de hablar su idioma para no ser considerados gente iletrada, “ciudadanos de tercera”, como les denominó el propio Alan García, ex presidente de Perú.

La educación es en castellano, no en su idioma. Tampoco hay libros en shipibo, ni la sanidad respeta sus tradiciones e idiosincrasia, ni existen para la realidad política del país…

Dos generaciones de mujeres shipiba (Santa Teresita)

“No queremos ser sólo parte del folklore, queremos participar, decidir, tenemos cosas que aportar y que decir. No queremos desaparecer”, denuncia Jeiser Suárez, joven Shipibo que dirige la ONG AIDI (Asociación Indígena para el Desarrollo Integral).

No son víctimas pasivas que esperan la llegada de sacos de arroz. La selva grita por sus derechos alto y claro. Las comunidades indígenas de la Amazonía quieren decidir sobre su futuro. Un futuro en su selva y en sus ríos. Un futuro que no les haga desaparecer en un mestizaje en el que les tocó el papel de David.

Los Shipibo no son únicos. En la Amazonía peruana existen unos 64 pueblos originarios. Los más numerosos son los Ashaninka pero tampoco su idioma se enseña en las aulas.

El jefe de la comunidad de Santa Teresita se dirige a nosotros al terminar la asamblea del sábado:  “nuestra gente también puede ser periodista, como usted, científicos o antropólogos… pero nos niegan la educación porque nos han olvidado.  Queremos las mismas oportunidades”.

Hablan bajito, de forma respetuosa, con tranquilidad y en orden. Están muy lejos de los estereotipos deformados que  traemos puestos desde Europa.

Han preparado unas malocas (casas de la selva) por si la gente se anima a venir de forma voluntaria para capacitarles en distintas cuestiones: “No queremos que vengan a darnos nada… buscamos que alguien pueda apoyarnos con sus conocimientos”.

AIDI trabaja intensamente en la producción de libros de texto bilingües y con enfoque intercultural para 15 pueblos originarios. “Queremos una curricula diversificada y estructurada según la cosmovisión de cada pueblo originario”, cuenta Jeiser.

“Tenemos nuestros códigos, nuestro contexto social y nuestras realidades y es difícil que los niños y las niñas aprendan de una forma que está pensada para la infancia en otros ámbitos. No queremos encerrarnos pero sí aprender desde nuestros códigos y abrirnos también al mundo con el castellano como segundo idioma… queremos salir al mundo pero no con la cabeza agachada porque nuestra cultura sea pisoteada e inferior.. que es lo que este sistema educativo plantea”. Esto nos lo cuenta una profesora de la comunidad Yine, que trabaja en la elaboración de un diccionario de su idioma.

No tienen muchos fondos y trabajan empujados por la convicción y el compromiso con su pueblo. Es un trabajo de hormiguita en un país donde ni siquiera sus idiomas están reconocidos como oficiales.

“Para el gobierno somos un problema, no parte de la solución”, se queja Jeiser.

Él nos muestra las instalaciones de la Universidad Intercultural de la Amazonía Peruana. En medio de la selva, y con más voluntad que instalaciones, funciona orgullosa esta institución accesible a las comunidades indígenas.

Comunidad de Santa Teresita

Antes de dejar la comunidad de Santa Teresita, comemos arroz a la sombra de las palmas con un calor húmedo intenso. Pocos minutos antes de subir al bote, una señora nos muestra sus artesanías y su telar. Sonriendo con su melena negra brillante nos acerca un collar. Decimos que no queremos comprar. Con la sonrisa explica que es un regalo. No habla castellano.

Nos alejamos de Santa Teresita en aquel bote, el único para las más de 100 personas que viven allí.

La comunidad se queda en silencio. Un silencio en el que sólo habla la selva con sus sonidos. Como aquel día. Como aquel primer día sobre la tierra.

Nos vamos con la esperanza de que nunca se deje de escuchar la música del idioma Shipibo, la esperanza de que sigan tejiéndose los ríos laberínticos en sus tejidos, los sueños de ayahuasca, los colores de sus blusas cortas…

Nos vamos con la promesa de hacer que se escuche en todas partes  este silencio, este grito de la selva.

Nos vamos pero nos llevamos tatuado este caminar tranquilo de dignidad, lucha, resistencia y futuro.

Emi Arias*

Dedicado a Jeiser y Leo,  nuestros ojos en la selva.

pdta: Si alguien quiere animarse a visitar y apoyar  la Comunidad de Santa Teresita o cualquier otra comunidad Shipiba. Os esperan con los brazos abiertos y el masato preparado.

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Con fundamento…

Hace un año escribí un reportaje para Pikara Magazine sobre las mujeres en Haití y su papel en la reconstrucción. Hace una semana recibí la noticia: el reportaje había sido premiado con un accésit del Premio Manuel Castillo de divulgación sobre Cooperación y Paz. Como estoy a horas de avión, mis padres fueron ayer en mi nombre y mi padre leyó un texto que le envié y que copio aquí…

“Gracias al jurado por fijarse en este reportaje. Gracias al Patronato Sud Nord de la Universidad de Valencia por convocar este premio que nos da fuerzas para seguir escribiendo.

Vivimos en un planeta injusto pero aún hay hueco para la esperanza. Sabemos que no es una cuestión de desabastecimiento… La clave está en la distribución cada vez mas desigual, también aquí en España, donde cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. En esta ecuación macabra pierden las personas. Perdemos todos y todas.

Lo que estamos viviendo no es justo. Simplemente no es justo.

En momentos de crisis parece que podemos prescindir de los derechos, como si fueran privilegios regalados y no conquistas de años de esfuerzo…La sanidad, la educación, los derechos laborales, civiles, sociales y culturales… están en peligro. La cooperación, en este escenario, desaparece de los presupuestos directamente… Igual que nuestros derechos, la cooperación no es un lujo en momentos de bonanza económica, es nuestra responsabilidad o quedará en nuestras conciencias para siempre y la historia será dura con occidente.

Quiero dedicar unas palabras a las mujeres haitianas que, con su lucha, su esfuerzo y su trabajo crean vida y tejen paz. Haití sigue siendo hoy el país más pobre de América Latina. No les olvidemos.

Quiero recordar también a cada una de las mujeres muertas  por la violencia machista  aquí y en el resto del mundo.

Mi mención a los y las paradas, que desesperan en las colas día tras día mientras las ventas de artículos de lujo siguen ascendiendo.

Me acuerdo también de quién ha perdido su casa, de quién no llega a fin de mes. Mi apoyo y mi respeto. Mi compromiso y mi lucha.

A los y las emigrantes de aquí y de allá, que con sus huellas y su esfuerzo escriben la historia. A quién nunca llegó y descansa en el fondo del mar en el estrecho, a quién llegó a las costas de Canarias buscando algo mejor y solo encontró un CIE, cárceles que deben desaparecer…

Y ya termino. A la revista Pikara Magazine, por su esfuerzo diario por dar voz al camino hacia la igualdad y a todas las feministas.

A mis padres, Andrés y Maribel, a mi hermano Asier, a mis abuelos, y toda mi familia que con su trabajo y su humanidad me han enseñado el significado de la solidaridad, la justicia, y la honestidad. Os quiero.

Y a mi abuela Bienvenida, que estará en alguna parte esperando a que lleguemos…. Ella me enseñó  a sufrir los dolores ajenos como propios, a atarme los cordones, escuchó mis primeras redacciones en el colegio y creyó en mí… ella que siempre me decía… “hay que hacer las cosas con fundamento”… pues eso abueli, por un mundo “con fundamento”.  Gracias”

En realidad parece demasiado agradecimiento por un premio chiquito, por algo casi anecdótico… Pero os aseguro que en tiempos tan inciertos, da energía, alegría y ganas de seguir apostando al caballo cojo.

Emi*

 

 

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Lautaro…

Lautaro era un niño mapuche que con 11 años fue secuestrado por Pedro de Valdivia, conquistador de Chile. Durante el tiempo que vivió entre los españoles, el pequeño aprendió a perderle el miedo a la espada, al caballo y a las armaduras.

Además de ser el escudero de Valdivia, Lautaro empezó a conocer las tácticas bélicas de aquellos barbudos insolentes.

Después de contemplar con sus propios ojos una de las muchas masacres sufridas por los mapuches, Lautaro se escapó. Nadie le echo de menos. Para ellos era solo un indio más.

Un día volvió liderando a su pueblo y en una emboscada acabó con la vida de Pedro de Valdivia.

Lautaro soñó la libertad para su pueblo… Los mapuches aún hoy pelean por mantener sus tierras.

La Araucanía ya quedó lejos pero la imagen de un Lautaro vengando a su pueblo vuelve una y otra vez a mi cabeza mientras nuestro bus cruza el desierto que un día atravesó a caballo Pedro de Valdivia.

37 grados de calor bajo un cielo que derrite hasta el ánimo. Debe ser grande la ambición y el amor por el oro para aventurarse a hacer algo así…

La Serena, Antofagasta, Iquique… años después de aquellas batallas olvidadas, se asoman al Pacífico esperando alguna respuesta.

Las ciudades del nitrato se apagaron. La Panamericana sube y sube entre dunas. Salpican el desierto algunas “tomas”, como le dicen aquí a los asentamientos humanos declarados ilegales por el gobierno.

Chile  se extiende desde los glaciares hasta el desierto de Atacama en miles de kilómetros de absoluta diversidad natural y obscena desigualdad económica.

Llegamos a Arica, la orgullosa frontera con Perú.

“Hoy no pueden viajar. Está cerrada por las minas”, nos cuentan en la terminal de Arica.

Las miles de minas antipersona colocadas durante la dictadura de Pinochet se han desperdigado por toda la frontera a consecuencia del desborde de un rio.

El dictador estaba obsesionado con al idea de ser atacado por Perú o Bolivia, países con los que mantuvieron arduos conflictos territoriales resueltos siempre en favor de Chile. Bolivia no ve el mar desde entonces y Arica ya no es Perú.

Colocar una mina cuesta en torno a 30 euros. Desactivarla cuesta 3.000 euros más o menos.

Un taxista nos dice “es normal tener minas, somos frontera”.

El colmo del absurdo nacionalista y patriota. A este hombre le parece una fantástica idea que alguien vuele por los aires al intentar entrar en su terruño. Ceguera rima con bandera.

Un hombre sin brazos aparece en televisión junto a su nieta. Pastoreando sus animales encontró un objeto raro y quiso saber que era. “Nadie del gobierno ha pasado por aquí”, denuncia. Es chileno.

Las banderas y las líneas imaginarias que dibujamos y denominamos fronteras aumentan las dioptrias…

Después de dos días escuchando detonaciones se abre la frontera. Miles de personas se agolpan para ir y venir con un papel en la mano. Un papel que demuestra que son legales…

A los lados de nuestro microbús, millones de alhambres avisan de la existencia de minas. La arena lo cubre todo.

Imposible verlas… Imposible también olvidar que, a pesar de tratados, firmas y fotos de presidentes sonrientes, siguen aquí… enterradas en algún lugar de este desierto.

Imposible olvidar a Lautaro, las tomas, las desigualdades profundas, la canción del acento chileno, los sueños de libertad…

 

Emi*

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Cafés con piernas o sin ellas

Estamos en uno de esos Free Tours tan modernos en Santiago de Chile. La joven guía se para en la puerta de una gran cafetería ubicada a pocos metros de La Moneda. Es el Café Haití, uno de los más conocidos de la ciudad. “Es un café con piernas”, nos cuenta. 

“Los hombres acuden a estos lugares para relajarse tras sus estresantes días en las grandes empresas que hacen prosperar a Chile”.

Toma ya. Muerta me quedo.

Estos denominados “Cafés con piernas” se distinguen de los demás por su atractivo de reemplazar cantineros y mozos por mujeres semi-desnudas o, en algunos casos, simplemente ligeras de ropa. En uno de estos cafés, El Barón Rojo, existía la costumbre de “el minuto rojo” donde las trabajadoras se desnudaban por un minuto. 

Ni que decir tiene que solo acuden hombres, la mayoría trajeados de la zona de negocios de Santiago, y no hay mesas para sentarse. De ahí lo de “con piernas”. Cuanta originalidad.

Sirven café y eso distrae a la conservadora élite chilena, que acepta de buen grado la existencia de un lugar donde los hombres van a descargar frasecitas (o lo que sea) intensas sobre chicas que intentan pagarse la universidad con las apetitosas propinas de los parroquianos.

La doble moral está de suerte. Lo que no se llama por su nombre es como si no existiese y mientras tomen café y sea de día… mientras lleguen a cenar a casa con sus mujercitas … ¿qué más da?

Cuando los vidrios de los cafés se oscurecen, se colocan mesas y las chicas ya están prácticamente desnudan hemos cambiado de escenario: estamos ya en los “Cafés sin piernas”. Las mesas dicen que son para ocultar las erecciones del personal.

Eso sí, sirven café. Son cafeterías. No vaya usted a pensar cualquier cosa que aquí somos muy decentes.

En esta versión algo “hard” del “café con piernas” tienen espacios oscuros reservados para que las jóvenes intimen con los clientes. Pero que quede claro que en Chile la prostitución es ilegal. De hecho, no existe…

Estos cafés son un ejemplo de la hipocresía reinante en una de las sociedades más conservadoras y católicas de América Latina. Más del 80% de la sociedad chilena se declara católica y el resto son protestantes o evangélicos.

Lejos del debate de la prostitución aquí lo que se plantea es otra cuestión: las relaciones de poder subyacentes en la sociedad chilena, la doble moral imperante, el machismo y, además, el miedo a hablar de sexo y a llamar a las cosas por su nombre.

Un grupo de mujeres quiso darle respuesta a este tipo de establecimientos abriendo un Café con Piernas para mujeres.

Fracasó estrepitosamente.

Un café con leche por favor…

¿Con piernas o sin piernas?

Mejor sin sexismo, sin machismo, sin prejuicios ni dobles discursos.

Al pan, pan y al vino, como locas.

Emi*

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Endesa versus Patagonia

Lago General Carrera / Chile

Lago General Carrera / Chile

La Patagonia chilena es un refugio de tranquilos lagos y altos árboles. La carretera Austral es la arteria que nos lleva al corazón de este paraíso. Esta ruta se extiende como una alfombra de ripio tranquila por la que pasa apenas un coche cada 20 minutos. Cada pueblo está separado del siguiente por unas cuatro o cinco horas y, cuando llegas, encuentras espacios adormecidos, casas de tejas de madera de colores donde se calientan con estufas y hacen tartas de frutas, herencia de la colonia alemana.

El conservadurismo, el catolicismo y la tranquilidad se respiran en este mundo donde la gente vive de forma humilde y muy despacio.

Algunos hospedajes, algunas cabañas de madera, la pesca y la cría de algunos animales son su día a día. El turismo aquí no es ni mucho menos masivo. Las comunicaciones son difíciles y el transporte público cuenta con poca frecuencia. Además no es un país barato y el autostop o un vehículo propio son las opciones para recorrer la zona.

La región de Aysen nos recibió a lomos de una camioneta con la parte de atrás de madera. A un lado, el Lago General Carrera. Al otro, se ve imponente el campo de hielo Norte, una de las extensiones de hielo más grandes del planeta. Imposible hablar sobre meteorologia o fútbol ante todo aquello.

Pero las tartas de fresa, la pesca en el río Baker y los paseos a caballos tienen los días contados porque Endesa ha fijado sus ojos en la guapa del baile, en la Patagonia. Un inmenso cartel de propaganda de Hidroaysen, sobrenombre adoptado por Endesa para no asustar y parecer local, afea el camino intentando colar que las represas que planean construir van a ser el futuro y el progreso de Aysen.

Pocos metros más adelante otro cartel rechaza las represas. Aysen está en lucha y está dividida. El gobierno de Piñera ya ha apretado la mano de Endesa en un pacto por lo que ellos entienden es “el crecimiento de Aysen y el futuro de Chile”.

Las personas que habitan Aysen, y las que entienden este lugar como otro pulmón del planeta, entienden que llenar de represas la Patagonia es convertirla en una gran hidroeléctrica y destrozar el ecosistema donde habitan miles de animales y plantas, romper el equilibrio de esta belleza irrepetible.

La suerte no está echada porque existe un grupo amplio y organizado de personas que denuncian ese modelo de desarrollo y de crecimiento a base de muerte. Hay un grupo de personas que creen en otro futuro para esta tierra, un futuro diferente al que ha planeado Endesa.

Mientras la Patagonia se levanta y lucha, el gobierno está mas que convencido de que el progreso es primo hermano de la destruccion de la naturaleza. Crecer para perder. Consumir y consumir sin otras alternativas.

Bandera chilena en la bahía de Puñihuil

Bandera chilena en la bahía de Puñihuil

A algunos kilometros de alli se asoma al Pacífico el archipielago de Chiloé. Allí, los pingüinos llegan a la bahía de Puñihuil a cambiar de piel, a criar y a comer. Sus amigas las ballenas visitan estas costas una vez al año para tener a sus ballenatos. Es parte de su viaje incansable a través de la vida. Una vida salvaje en perfecto equilibrio que ahora esta en peligro. Las ballenas llegan a escasas millas de las arenas de Mar Brava. Allí, en esa inmensa playa casi perfecta, Endesa planea una nueva planta para producir energía. Esta vez seran paneles eólicos. Esta vez sera con otro sobrebombre.

Magallanes y Humboldts

Magallanes y Humboldts

Su impacto ambiental puede suponer el equivalente a un siniestro total automovilístico pero aplicado a la naturaleza.   Las aves migratorias, que llegan a estas rocas en enormes nubes de hermosas alas, cambiarán de rumbo. Las ballenas se irán ahuyentadas por las vibraciones y el ruido y, los pingüinos ya no tendran comida. Lo dicen personas que saben de esto y lo dice el sentido común.

Y hay más consecuencias. Las comunidades de Huilliches, pueblo originario de Chiloé, minoría que sobrevive a los azotes de la globalizacion y al olvido y rechazo institucional, perderán sus tierras, su casa desde hace siglos.

Mar Brava

Mar Brava

Por eso, Ancud está dividida. Chiloé está dividida.

“Claro, no queremos la planta pero queremos progreso”, admite un guía de ecoturismo.

“Ya, pero podemos tener paneles solares o consumir menos, que el gobierno nos ayude con los paneles solares…”, protesta un hombre que mira fijamente la playa Mar Brava.

Y dejan la conversacion para mirar al mar. Esperan señales.

En Chiloé dicen que por las noches aparece una mujer desnuda que baila frente al mar. Es la Pincoya qe se mueve al ritmo que toca el Pincoy, su pareja. Cuando esta mujer se mueve mirando al mar,éste traerá riquezas y el mar será bueno con los chilotes. Cuando la pincoya da la espalda al mar, se avecinan malos tiempos.

La Patagonia y Chiloé se dividen y también se organizan y luchan. Endesa, aunque se viste de seda, sigue siendo Endesa y se disfraza de progreso, de futuro.

Los Huilliches esperan el baile de la Pincoya… esperando que esta vez no le de la espalda al mar… porque vendran tiempos oscuros… porque las playas se poblaran de gigantes con aspas… porque el mar se vaciara de vida … y se apagará el baile de la Pincoya.

Solo

Solo

Emi

Las ballenas opinan

Las ballenas opinan

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Justicia… con todo el cuerpo

*antes de nada. No hay tildes en este teclado… Espero sepan perdonarme.

“Lo fusilaron en el camino, cerca de la casa. Senti los disparos, sali y encontre su cuerpo. Me gritaron que fuese a enterrar al perro que habia muerto. Ese perro era mi unico hijo. Me dieron tres horas para enterrarlo y salir del pueblo. Tuve que envolverlo en frazadas y dejarlo en el cementerio”

Esta frase esta escrita en la pared del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile pero podria estar escrita en España, si hubiese un lugar como este es España.  Pero no lo hay.

La dictadura de Pinochet termino en 1990. La española acabo mucho antes. Pero no, no hay un lugar como este en el lugar de donde vengo. Puede que tenga que ver con que confundimos la reconciliacion con la negacion de los hechos. Puede que sigamos confundiendo la paz y la democracia con la ausencia de justicia, reconocimiento y reparacion, si es que se puede reparar la muerte.

Jamas se curan las heridas que siguen sangrando, que siguen abiertas. Heridas con nombres, con historias personales tan duras que aun gritan las paredes de las carceles, las tapias de los cementerios, los caminos, las cunetas, las montañas silenciosas que guardan secretos del horror, de la infamia, de la dictadura…

En ese pais sin memoria que llamamos España hay fosas perdidas donde descansan personas sin rostro que jamas veran su nombre escrito en la historia, siendo parte de esta.

Los discursos de “no hay buenos y malos” me hacen rasgarme las vestiduras.

Cuarenta años, !Cuarenta!. Que se dice pronto. Cuarenta años de fusilamientos, condenas a muerte, juicios sumarios, sacas, encarcelamientos, torturas, miedo, persecucion, exilio, violaciones constantes de los derechos humanos por parte de un regimen militar totalitario fascista y despreciable. Repito la palabra despreciable.

Cuarenta años. Cuarenta años donde si habia malos, donde hubo victimas con nombres y apellidos. Pero ni sus nombres ni sus apellidos figuran con letras grandes escritas en las paredes de la historia. No hay museo ni hay memoria. No hay placas en las ciudades que recuerden de forma oficial a quienes murieron por defender la libertad, por defender la republica. A quienes murieron porque pensaban diferente, porque eran homosexuales, porque eran ateos, porque pasaban por alli o porque no tenian como defenderse, o por rojas, o  por putas, … muchos y muchas murieron simplemente porque si.  El franquismo fue una trituradora de sueños y proyectos de vida.

El museo de la Memoria de Santiago de Chile alberga fotos, cartas, testimonios, grabaciones, la ultima alocucion de Allende desde el palacio de la Moneda, entrevistas a dirigentes del momento, cartas desde la carcel, pruebas de las torturas… Es todo un paseo terrible a traves de la historia, a traves de lo que nunca debio pasar, a traves de lo que no debemos olvidar.

Sus caras forman un enorme mural. Hombres, mujeres, niñas y niños. Algunas de esas mujeres estaban embarazadas cuando desaparecieron. Sonrien en las fotos. Se nota que tenian sueños, se nota que creian en un mundo distinto.

Una lista de victimas no es solo una hilera de nombres. Detras de cada nombre se esconde una experiencia grabada en la memoria de una socidad. Estas personas recibieron un trato cruel e inhumano por parte del Estado de su propio pais, que ignoro sus derechos humanos, que les desprecio en su camino hacia el poder totalitario. Paso en Chile, en Peru, En Argentina, en Paraguay, en Guatemala, en El Salvador, en Sierra Leona, en Uganda, en España..

Si. En España tambien.

Y pido un juicio. Si. Lo exijo. Un juicio a los muertos. Si, claro que si. Quiero un juicio a la historia. Un lugar con sus nombres, un espacio con su recuerdo, para llorarles y decirles que no estan solos ni solas en su injusticia, en su muerte, en sus cunetas del olvido…

Los muertos ya no volveran a la vida ni iran a la carcel los que apretaron el gatillo, los que firmaron las sentencias, los que ignoraron los gritos de libertad. Esos murieron en sus camas, en sus fincas, con sus titulos de senador vitalicio, con sus joyas alrededor del cuello. No me importa. Quiero un juicio. No habra carcel pero habra justicia y, aunque llegue tarde para muchos y muchas, aun estamos a tiempo.

Nunca es tarde para hacer justicia, para decir la verdad, para contar que paso, para abrir las fosas, para vaciar de cadaveres las cunetas de una España desmemoriada e infantil que hizo las paces con las manos llenas de sangre.

Si. Quiero un juicio, quiero memoria, quiero saberlo todo, quiero recordar…

Lo exijo con todo el cuerpo, con toda la rabia y con los ojos llenos de lagrimas. Cada parte de mi cuerpo se estremece al ver sus caras en este rincon de Santiago, al imaginarles en cualquier lugar de la peninsula.

Victor Jara fue asesinado por carabineros pinochetistas en septiembre de 1973. En una de sus canciones Jara canto “Y se muere en el camino sin hallar la libertad”. Libertad que ahora utilizo para gritar justicia. Con todas las letras. Con todo mi cuerpo encendido en penas, en cunetas, en torturas, en miedo, en su muerte.

Pablo Neruda, que ya estaba delicado de salud antes del golpe, empeoro fatalmente tras aquel 11 de septiembre de 1973 hasta morir el 23 de septiembre. Solo fue capaz de vivir sin libertad durante 12 dias. Era demasiado. Su casa de Santiago fue saqueada después de su muerte y sus libros, incendiados. En su funeral, los asistentes estaban rodeados de soldados armados de ametralladoras. Aun asi se escuchaban desafiantes gritos de homenaje a él y a Salvador Allende.

Chile se desangraba en llantos. El poeta habia muerto casi a la par que la libertad.

Neruda escribio “Siempre” y yo se lo dedico a los muertos y las muertas sin nombre. A los familiares que buscan, a quienes tuvieron miedo, a quienes lucharon a gritos o en silencio. A quienes sufrieron de alguna manera y ahora pasan hambre de justicia.

Con todo el cuerpo…

SIEMPRE

Aunque los pasos toquen mil años este sitio,
no borrarán la sangre de los que aquí cayeron.

Y no se extinguirá la hora en que caísteis,
aunque miles de voces crucen este silencio.
La lluvia empapará las piedras de la plaza,
pero no apagará vuestros nombres de fuego.

Mil noches caerán con sus alas oscuras,
sin destruir el día que esperan estos muertos.

El día que esperamos a lo largo del mundo
tantos hombres, el día final del sufrimiento.

Un día de justicia conquistada en la lucha,
y vosotros, hermanos caídos, en silencio,
estaréis con nosotros en ese vasto día
de la lucha final, en ese día inmenso.

Pablo Neruda

Emi Arias…

En un grito de pena y rabia al salir del museo

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Andrés y Jimena

Todo está mojado en La Junta. Las mochilas pesan demasiado cuando se anda de calle en calle buscando un lugar donde plantar la tienda. El único camping del pueblo tiene el hueco bajo el cobertizo ocupado por otra carpa. El resto del espacio está libre y mullido por la hierba pero al raso. Sabemos que nuestra tienda no aguanta la lluvia asi que nos damos la vuelta y buscamos otro lugar.

Tenemos las caras largas, la ropa mojada y caminamos en silencio.

Una pareja nos adelanta y nos dice:

“Somos los de la tienda del cobertizo. La podemos quitar y vosotros ocupais ese espacio. Nosotros no vamos a acostarnos porque nuestro bus sale a las cinco asi que sin problema. Volved que el cobertizo es vuestro.”

Volvemos después de dar las gracias unas cinco millones de veces. Ya habían quitado la tienda al llegar y la habían colocado bajo la lluvia. Mientras montamos nuestra tienda se acercan y nos dan un bulto grande azul.

“Es una colchoneta. Para que duerman bien que nosotros entramos en la otra que tenemos. Tomenlo como un regalito, un buen gesto de un chileno. Después de un día malo siempre pasa algo bueno.”

Volvemos a no saber qué decir. Andres y Jimena tienen 43 y 40 años y llevan más de 20 juntos, desde que se conocieron mochileando en la región de los lagos. Ahora no tienen casa, la dejaron casi un mes atrás. Viajan poco a poco desde Puerto Montt hasta Coyahique, donde viven los padres de Andrés, que le abandonaron en Santiago cuando tenía 7 años. Quiere conocerles porque ya no les recuerda.Viajan a pié y en coche cuando alguien les recoge y les lleva.

“Cuando vea a mis padres no voy a pedirles explicaciones. Sólo quiero cuidarles si son mayores. Darles un abrazo, conocer a dos hermanas que creo que tengo.”

Desde los 7 años creció sólo en la calle, buscándose la vida.

“Cuando os vi con las mochilas… y esas carillas… Yo sé lo que es pasar frio, lo que es pasar hambre…”

Sentados en el “quincho” sacan un termo con agua caliente para el té y siguen contando. “A Jimena la conocí con 23 años. Ella me llevo derechito por la senda. Me rescató y ha sido mi única familia”.

Ella para de vez en cuando la historia para hacer bromas. Se ríe sin parar y sus ojillos oscuros brillan a la luz de la linterna que cuelga del techo.

“Pasé por el alcohol para calmar el frío… por las drogas porque todos los chicos de la calle lo hacían… y por la delincuencia. Cuando uno no tiene opciones ni tiene esperanza…”

Nos ofrece otro té. Nos pregunta por lo que hacemos. Nos entra vergüenza de clase media.

Están pensando en quedarse en este pueblo. Les han ofrecido trabajo.

“Hemos montado y desmontado casas mil veces. Él trabaja de lo que sea siempre y yo también. Cuando nos aburrimos de un lugar, nos vamos. Ahora ya pensamos en echar raíces. Este pueblo nos ha gustado. Somos raros ¿verdad?”

“Sois las personas más normales que he conocido en mi vida”, responde Iñaki.

La noche sigue húmeda y fría a la luz de dos linternas. Saltan preguntas sobre España y sobre nuestro viaje. Brillan anécdotas de sus noches de tienda de campaña, de sus días con la mochila al hombro. Nos hablan de las montañas de esta zona, que son muy “celosas” y se vengan de quién comete un mal gesto con ellas.

Nos despedimos de ellos con un fuerte abrazo, intercambiamos mails y nos vamos a dormir.

Cuando amanecemos,  ya se han ido.

Desde esa noche les busco por los caminos, por las carreteras, en los coches que pasan.

Busco dos caracoles con las casa a cuestas. Van despacio porque van muy lejos y porque conocen el verdadero sentido del camino.

Tenías razón Andrés. Después de un día malo, siempre te espera algo bueno. Algo como conoceros.

A Andrés y Jimena.

Emi Arias

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